Aunque antes las obras literarias solían ser mucho más descriptivas que las actuales (contemporáneas). Uno de los grandes éxitos de un autor es que tanto puede lograr que los lectores se interesen y "claven" con el libro, para ello recurren a la descripción.
Estamos muy acostumbrados a que se describan los paisajes, los objetos, las ciudades e incluso a las personas sólo de forma física, pero es demasiado extraño que un autor nos describa los olores para que uno como lector cree la imagen en su cerebro por medio de sólo olores.
Patrick Süskind, un escritor alemán, se atrevió a describir toda una historia a través del olfato en el libro "El Perfume", el cual fue todo un éxito no sólo por la trama tan interesante que plantea sino por la forma en la que son descritas las escenas para el lector.
A Continuación, una parte de la novela, en la que se ejemplifica:
"Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las sabidurías a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios".